Gastronomía

Terrazas de Las Canteras / Foto: Marcos de Rada.Las Palmas de Gran Canaria se caracteriza por su capacidad para sintetizar, mejor que ninguna otra ciudad del Archipiélago canario, las distintas culturas que han ido conformando su idiosincrasia. La gastronomía se impregna de este mismo carácter y, así, la ciudad más cosmopolita es también la de sabores más internacionales y la más mestiza.

 

Pero, en cualquier caso, la influencia foránea no ha supuesto la desaparición de la cocina tradicional canaria. Un recetario, el de los palmenses, que se ha ido elaborando al ritmo que marcaban los tiempos: los de la necesidad y sus potajes de jaramagos, los pejines con gofio, el sancocho o los caldos de millo o de papas; y los de la abundancia que representa, entre otros, el puchero de los que el de ‘las siete carnes’ es, desde luego, el más contundente.

 

Parte de la historia de la ciudad viene marcada por la de la industria vinícola que dio fama a las Islas en los siglos XVI y XVII. La aventura que protagonizó Gran Canaria -junto con Tenerife y La Palma- se centró, especialmente, en los cultivos de la zona del Monte Lentiscal y la falda de la Caldera de Bandama. En la actualidad, y tras mucho tiempo de abandono, son importantes los esfuerzos que se están haciendo para la recuperación de la vid y el vino de calidad. Un paso importante en este sentido es la aprobación, en 1999, de la Denominación de Origen del Monte.

 

Para disfrutar de las exquisiteces que ofrece la ciudad, el visitante puede optar por tapear en la ciudad histórica o comer en algunos de los locales en los que los platos son tan importantes como el escenario que los envuelven; si gusta bañar el paladar con caldos curiosos acompañados de contundentes, cárnicas y calientes elaboraciones, el mejor camino es el de Tafira, el Monte y sus alrededores; si la opción es el pescado -fresco, aromático y jugoso- nada mejor que recalar por los barrios de San Cristóbal y La Isleta.

 

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